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La idea y la frase
Dibujito
¡Qué feíto que queda! Yo le doy vuelta el cuadrito.

Esto pasó hace unos pocos días, pero ya se está convirtiendo en una de esas cosas que, por dejar de ser noticia fresca, comienzan a pasar inadvertidas.
Se sabe que el Premio Nobel responde a intereses variables, y se sigue esperando ver en la lista a nombres de gente para imitar. Se sabe que Estados Unidos es el país más violento de
Pero el Nobel de
-Oiga don Nobel… ¡Qué feíto que queda! Es como para darle vuelta el cuadrito.
De noche: Nocturne
Justicia
¿Quién lo dijo?
Memorias de la EPCTV - 2

El milagro de Margarita
El primer año de vida de
Para quienes no conocen el edificio de
La primera cohorte de inscriptos fue muy heterogénea; había gente de todas las edades, intereses y orígenes. Esto no era extraño, dado que era la primera escuela de la especialidad que existía en Rosario y alrededores. Por lo tanto muchos interesados habían pasado ya la edad convencional de comenzar la educación terciaria. La primera en inscribirse fue Mariana Wenger, que ahora es una de las más destacadas entre los realizadores vernáculos.
El desfile de interesados siguió hasta pasar holgadamente los cien anotados formalmente. La primera sorpresa la dio una planilla que apareció con una alumna de 63 años. Enseguida pensamos que el escribiente de turno se había confundido y se trataba de un 36 escrito al revés y el frenesí del comienzo nos hizo olvidar del asunto hasta que el primer día de clase apareció Margarita Auvieux con sus 63 reales.
Claro que a Margarita le costaba hacer grupos para trabajos prácticos con compañeros de entre 18 y treinta y pico, pero el tema no la amedrentó; era docente jubilada y no tuvo inconvenientes en avanzar en el plan de estudios sin prisa y sin pausa, mientra sus compañeros perdían tiempo como si les sobrara. Entre sus obras realizadas como trabajos prácticos recordamos Mercado de Pulgas, un audiovisual producido junto a Guillermo Levain, con quien también realizó el cortometraje Anatomía de una clase, ambos de 1984. Además, realizó el cortometraje Cuidado, anda suelto, una historia sobre un "verso" en la calle.
Margarita aprobó todas las materias de primero y segundo años con gran aplicación, colaboraba en todo y hasta actuó en el cortometraje Ultimo plazo, de Carlos Coca y Guillermo Street. Cuando estaba cursando el último año el Ministerio lanzó un plan de actividades para la tercera edad, invitando a las escuelas a proponer cursos y talleres. Cuando nuestra propuesta de Taller de Cine para Adultos Mayores fue aprobada y llegaron las horas cátedra para el docente en cuestión, la movida no se hizo esperar y Margarita dejó de ser alumna y pasó a ser la docente del curso, que ella misma se encargó de coordinar y promover con el PAMI.
Ella era muy ordenada y siempre reservaba los equipos que utilizaría en el Taller con varios días de anticipación, de manera que en más de una oportunidad cuando los alumnos de la carrera iban a pedir los pocos equipos que había disponibles, éstos estaban ocupados porque “los viejos” estaban filmando algo.
Tres años después Margarita murió el 11 de agosto de 1989 -hace 20 años- y ese fin de año organizamos un homenaje al que invitamos a su familia. Hablando con ellos nos terminamos de anoticiar de algunos detalles de su vida que desconocíamos, como por ejemplo que al ingresar a
Competencias
“Últimamente he estado reflexionando bastante al respecto y creo que se podrían condensar en tres tipos de competencias. Las primeras, competencias históricas. (…) [No] creo [que] el manejo de una cámara se pueda hacer con una cierta capacidad creativa si no hay un mero conocimiento de la historia de la cámara, de la historia de la fotografía, que no es solo una historia de aparatos, es una historia de modos de usar los aparatos, para qué se usaron, en qué situaciones se usaron (…) recuperar para la gente joven la competencia histórica, los nexos entre tecnologías, formatos, narrativas, géneros. (…)
Segundo, competencias lógico-simbólicas. (…) sin un cierto conocimiento de estos nuevos tipos de lógicas simbólicas, que vienen de la lógica matemática (…) es muy difícil poder aprovechar en sus posibilidades lo que hoy nos plantean las nuevas tecnologías. Nunca esta relación había sido tan fuerte entre experimentación científica y experimentación estética. Nunca el conocer y el crear había estado tan cerca en términos científicos.
En tercer lugar, los saberes estéticos (…), no solo de los heredados, sino de los que están en estos momentos en el mundo de lo no heredable o de lo que está en el mundo de lo construible (…). Unas competencias estéticas básicamente capaces de modificar el sesgo mercantil, el sesgo chato, barato de muchos de los desarrollos del mundo audiovisual en nuestras sociedades.”
Memorias de la EPCTV - 1
Caminos que se encuentran
A principios de marzo de 1976 había presentado mi tesis de fin de
Hasta el día antes al fatídico 24, además de un alumno a punto de egresar, lideraba una agrupación política estudiantil dentro de
Casi ocho años de terror pasaron, interminables. Muchos compañeros quedaron en el camino; cineastas y de todas las ocupaciones imaginables. Además del proyecto derrotado, la resistencia minusválida y la muerte alrededor todos los días, sufrimos la discontinuidad profesional, la imposibilidad de insertarnos en el sistema productivo para el que nos habíamos preparado, de aprender el oficio que complementa la profesión en los años posteriores a la universidad.
Durante los últimos cuatro años de la dictadura, después de deambular por varios trabajos, frecuentaba Arteón, organización de Arte que dirigía Néstor Zapata, quien me dio “asilo” -así podría llamarse es esa época a un lugar donde uno podía expresarse tranquilo, sin temor a ser delatado inmediatamente- y trabajé en el Taller de Cine Arteón, una experiencia valiosísima que sirvió de cimiento de la futura Escuela de Cine y Televisión de Rosario.
No es casual que sobre fin de 1983, recuperada
El desafío era importante. Recuerdo que cuando me entrevisté con Norberto Zen, quien era en ese momento el director del Instituto Provincial de Arte, en el mes de marzo de 1984, me impuso como una de las consignas que la escuela de Rosario debería estar dictando clases normalmente en el mes de mayo, o sea en un mes y medio. Afortunadamente el proyecto estaba preparado y el grupo humano del Taller de Cine de Arteón fue el semillero del cual salieron los primeros docentes. El esfuerzo y la dedicación de ese primer grupo fueron inmensos y nunca voy a terminar de agradecerles el acompañamiento.
A mediados de mayo la nave carreteó y empezamos a volar. Los primeros tripulantes fueron: los docentes Hugo Berman, Carllos Carletti, Carlos Coca, Alejandro Lamas, Patricia Larguía, Pascual Masarelli, Norberto Lipchak, Rosa Molina, Dante Pais, Mario Piazza, Cristina Prates, Adolfo Scneidewind y Gabriel Serrano; las secretarias Cecilia Saux y María Elisa Escobar; y los porteros Carlos y Pedro Aguirre. Además, en Rosario estaba el sub-director del IPA, Norberto Campos.
Sin dudas, la puesta en marcha de
Más de uno hubiera dicho que en esas condiciones no se podía hacer nada. Nosotros igual nos lanzamos.
Libros y armas
Lengua y sonido en el cine argentino
Algunas limitaciones tecnológicas dificultaron durante muchos años la comprensión de la palabra hablada en el discurso cinematográfico, concretamente -para nosotros- en el cine argentino, generalizándose en la opinión de los espectadores la idea de que el cine argentino tiene mal sonido. ¿Quién no escuchó decir alguna vez que "el cine argentino es malo porque no se entiende lo que hablan"? En la redada cayeron también el cine español y el resto del hispanohablante.
Como todo cliché, la aludida sentencia tiene sus bases ciertas; en este caso, en las características técnicas que dominaron el sistema de registro, procesamiento y reproducción del sonido en su época analógica. La calidad del sonido siempre responde al nivel del eslabón más débil de la cadena tecnológica; y por algún motivo, salvo honrosas excepciones, las películas hispano habladas llegaban a los espectadores con dificultades.
Desde hace unos años, con la generalización de la tecnología digital y la disminución de la brecha tecnológica, aquellas dificultades han desaparecido totalmente y ya se estableció un nuevo estándar en el cual no es aceptable que las palabras no se entiendan. Al tiempo que las productoras mejoraron la calidad de registro y procesamiento, las salas de cine se han actualizado al igual que la tecnología de los televisores y reproductores hogareños, de manera que hoy el espectador ya se siente incómodo cuando no entiende lo que los actores dicen. Es la norma.
Lo curioso del fenómeno es que este viejo cliché se mantiene en la conformación de la identidad del cine argentino, aun después de haber sido superado el problema técnico. Hoy seguimos escuchando -aún de gente muy joven, que nunca escuchó el cine con la vieja tecnología, salvo en televisión- que "el cine argentino no se escucha bien. No se entiende."
Se me ocurren algunas preguntas sobre este fenómeno: ¿Sucederá lo mismo, en otras latitudes, con el cine hablado en el idioma propio? ¿Los nuevos espectadores de nuestro cine tendrán el mismo concepto? ¿Tendrá alguna relación este fenómeno con lo que consideramos buenos actores y malos actores? ¿En qué nos basamos cuando decimos que los actores anglohablantes son buenos o malos, si la mayoría de nosotros no entenderíamos lo que dicen de no ser por los subtítulos o el doblaje? ¿El doblaje es bueno o malo? ¿Qué es lo que realmente se pierde con el doblaje? ¿Da lo mismo que el doblaje sea en español argentino que en otro español centroamericano o sudamericano? ¿Nos sirve para algo defender el español argentino? ¿Tendrá algo que ver en esto la dependencia cultural?
Las culturas
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