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Plan de Turismo para la Provincia de Santa Fe

Me interesa poner en valor hoy un libro que se publicó hace ya más de 3 años y que fue el resultado de varios años de trabajo conjunto de la entonces Subsecretaría de Turismo de la Provincia de Santa Fe (que me tocaba conducir en ese momento) con la Secretaría de Turismo de la Nación, los empresarios y profesionales del sector turístico y los representantes de la comunidad de la provincia.

Este primer documento del Plan Estratégico Provincial de Turismo Sustentable, describe 11 espacios turísticos (entre regiones, comarcas, ciudades, corredores y caminos) y los principales productos de la provincia. Luego plantea algunas estrategias de desarrollo de estos productos, para finalmente proponer los planes de oferta, demanda e institucional, al tiempo que se esbozan estimaciones presupuestarias y se muestran nuevas estadísticas.

El objetivo en la ocasión fue desarrollar las primeras etapas de un plan estratégico, en el marco de un plan nacional. El plan nacional habla de un período que va desde 2005 hasta 2016 y contiene un capítulo especialmente dedicado a la región Litoral, que nuestra provincia integra desde hace años junto a otras cinco. Nuestro trabajo también habla de una proyección a 2016.

Los contenidos del libro se elaboraron con esmero y dedicándole el tiempo que se requiere, sabiendo que ese tipo de trabajo supera a una gestión de gobierno. Para ello recorrimos toda la provincia, realizando innumerables reuniones de trabajo para producir en primera instancia un diagnóstico, recoger propuestas y necesidades, para elaborar luego el primer documento del plan provincial, con la ayuda técnica del Consejo Federal de Inversiones, un organismo que tiene mucha experiencia y conocimiento en este tipo de desarrollos.

Como no todo es planificar en la tarea de un gobierno, mientras tanto aquella Subsecretaría de Turismo de la Provincia promovía, junto a empresarios y municipios acciones como, misiones comerciales a otros puntos del país y el extranjero, ferias, acciones conjuntas con los buró de Turismo y las cámaras del sector; fortalecía el Consejo Litoral y el Consejo Federal de Turismo; realizaba programas de desarrollo como los de avistaje de aves, pesca con devolución, reordenamiento territorial, cuenta satélite de Turismo, capacitación para emprendedores, fiestas populares, campaña multimedial de fomento del turismo en la Provincia, tren turístico, recuperación de laguna Melincué; reglamentaba la Ley de casinos para tener fondos directos para la promoción turística. También realizaba obras de infraestructura turística, entre muchas otras tareas.

El libro completo está disponible gratuitamente, en su versión original con fotografías. Por su peso en la red, está dividido en 5 partes.

http://www.scribd.com/collections/2808279/PETSF

Gente en el puente

Mi ciudad tiene una nueva postal.
Miles de personas sobre el puente Rosario - Victoria. Una buena idea.
Es otro motivo para que nuestra gente participe y para que nos visiten desde lugares cercanos o remotos.
La foto es del diario La Capital.

Buenas prácticas en política

Las expresiones públicas del Director Provincial de Turismo de la Provincia de Santa Fe, me remiten a una reflexión sobre las buenas prácticas en política. En la actividad que desarrollan los funcionarios políticos, como en el Turismo, también podemos hablar de buenas prácticas. Lo sé por experiencia.

Antes de este gobierno hubo otro, y antes otro, y otro más; 6 períodos desde la reconquista de la Democracia. En el último de ellos me tocó ser responsable de la política oficial de turismo provincial durante dos años, formando parte de un equipo de gobierno y prosiguiendo la tarea de otros pares. Por este motivo y por lo ofensivo de las palabras del actual funcionario es que me siento interpelado y obligado a expresar una opinión.

A mediados de 2009, habiendo transcurrido un año y medio del actual gobierno provincial, me crucé en la publicación Punto Biz con esta declaración, que consideré inoportuna y desafortunada, pero preferí pasar por alto:

«Consultado por punto biz por la salida de Nardone, Reggiani dijo que al ex funcionario le había tocado “el trabajo sucio y silencioso de reacomodar toda la estructura después de años de trabajo de otro partido”….»

Sobre fin de año otra brutal embestida contra la memoria, esta vez en la revista Ladevi del 14 de diciembre, me llevó a reflexionar que estamos ante un acto de gran resentimiento, mezquindad y egocentrismo, de un funcionario que juega peligrosamente a la politiquería:

“No empezar de cero sería poco serio. Técnicamente el desarrollo en Santa Fe en las últimas dos décadas fue planteado en términos arcaicos, alocados y fuera de planificación territorial (…) Hubo una decisión política y estratégica de no darle importancia al turismo como una fuente de ingresos”

Qué fea costumbre la del funcionario que cree que todo empieza cuando él llega, desconsiderando hasta lo hecho por su propio gobierno hasta el momento. Qué concepto mezquino el del político que confunde la actividad estatal con la partidaria. Qué desagradable suena cuando el profesional o el gobernante se regodean denostando a sus pares.

Cuando nos tocó gobernar, ni por casualidad se nos ocurriría decir que lo que hicimos fue una gestión de partido político. Siempre hablamos del Estado y siempre con gran respeto del trabajo conjunto con el sector privado, el académico, las ONG, los gobiernos de las provincias vecinas, el gobierno nacional.

Cuando trabajamos las primeras etapas del Plan Estratégico Provincial de Turismo, recorriendo toda la provincia, después de haber compartido con empresarios del sector interesantísimas jornadas con colegas de toda la región Litoral en la elaboración del Plan Estratégico Federal de Turismo Sustentable para la Argentina, junto a la Secretaría de Turismo de la Nación, éramos conscientes que ese trabajo superaría a una gestión de gobierno. El plan nacional habla de un período que va desde 2005 hasta 2016 y contiene un capítulo especialmente dedicado a la región Litoral, que nuestra provincia integra desde hace años junto a otras cinco. Nuestro plan estratégico provincial, cuya primera etapa llevó tres años realizar (2005-2007) también habla de una proyección a 2016.

Mientras tanto el gobierno provincial promovía, junto a empresarios y municipios acciones como: el congreso Tourcom con la Organización Mundial del Turismo, misiones comerciales a otros puntos del país y el extranjero con el apoyo de CFI y SECTUR, ferias específicas, acciones conjuntas con los buró de Turismo y las cámaras del sector; fortalecía el Consejo Litoral y el Consejo Federal de Turismo; realizaba programas de desarrollo como los de avistaje de aves, pesca con devolución, reordenamiento territorial, cuenta satélite de Turismo, capacitación para emprendedores, fiestas populares, campaña multimedial de fomento del turismo en la Provincia, tren turístico, recuperación de laguna Melincué; reglamentaba la Ley de casinos para tener fondos directos para la promoción turística, abría una nueva sede en la ciudad de Santa Fe. La lista es interminable. ¿Todo esto no tiene ningún valor para el gobierno actual? ¿Hay que empezar de nuevo?

No. No hay que empezar de nuevo. Hay que seguir para adelante liderando el sector y reorientando el rumbo si lo consideran necesario. Pueden cambiarle los nombres a las cosas, crear programas más modernos, superadores. Pueden hacer nueva obra pública, inversiones más importantes. Así se responde a las expectativas de la población.

Demoler todo lo que antecede a un gobernante es un signo de debilidad, ignorancia e incompetencia. La crítica y la acusación a ciegas no alcanzan para gobernar. Cuando el gobernante se cree dueño de la verdad actúa con personalismo; y el personalismo destruye las instituciones.

Para gobernar en Democracia se necesita sentido común y paciencia para transformar la realidad a partir de lo establecido. El buen gobernante sabe llegar a todos los actores de la sociedad, piensen como piensen, comunicar su proyecto con entusiasmo y buscar el consenso para establecer las normas necesarias para ordenar la transición.

Ya pasaron dos años. ¿No sería mejor que Turismo de la Provincia empezara a hacer lo que le corresponde en vez de declamar tanto?

Qué Barcelona ni ocho cuartos

Por Raúl Bertone

Publicado en Rosario Expres de febrero de 2009

Rosario se ha ganado el mote de ser la Barcelona argentina por las similitudes que guarda con la ciudad española. Sin embargo, existen diferencias abismales en muchos aspectos. El sistema de transporte integrado en el que viajan los barceloneses es un ejemplo. Los rosarinos no sólo no cuentan con un buen servicio, sino que tampoco saben qué va a pasar a futuro. Es claramente un problema de falta de planificación.


Sobre el mote que le han puesto a nuestra querida ciudad de Rosario, designándola como la Barcelona argentina, se ha dicho tanto, que el espacio conceptual aceptará sin dudas una mirada más.

Rosario tiene mucho para parecerse a la segunda ciudad de España y esos parecidos van desde el destino histórico, hasta el perfil político, económico, productivo, cultural y turístico, es decir su realidad actual como ciudad cosmopolita. Las comparaciones cuantitativas suelen ser odiosas, pero también pueden ser oportunas cuando de esas comparaciones se pueden sacar conclusiones positivas y copiar lo bueno que han sabido hacer los otros, especialmente la gente de esa ciudad con la que nos comparan y que nos aventaja en diversos aspectos de desarrollo.


Un sistema de transporte integrado

Además de tener el doble de habitantes, un aeropuerto con vuelos que se cuentan de a miles, un puerto con un movimiento impresionante de carga y pasajeros, Barcelona tiene un sistema de transporte urbano que lo hace envidiable para el sufrido usuario del transporte público vernáculo.

Este sistema está concebido como integrado y es evidente que está organizado para que el pasajero pueda desplazarse combinando distintos medios para llegar a cualquier punto de la ciudad en forma rápida y segura.

Pagando un solo boleto el pasajero urbano puede combinar viajes en tren, metro (subterráneo), ómnibus y tranvía. Los boletos para viajar pueden adquirirse en innumerables puestos de venta, a cualquier hora y en la mayoría de los casos en máquinas automáticas que dan vuelto, funcionan con billetes, monedas y tarjetas de débito o crédito. También están las boleterías tradicionales con personal en los horarios normales.

Un viaje en este sistema integrado cuesta 1 euro y comprados de a diez 0,70 euro cada uno. En este punto cabe aclarar que para comparar no es válido multiplicar por la cotización del euro en pesos, sino hacer una relación con el poder adquisitivo del salario de los barceloneses; en ese caso la cuenta nos da como resultado que ese boleto cuesta entre 1,50 y 2 pesos de los nuestros, según se lo compre de a diez o individual.

Estos son sólo los aspectos sustanciales del sistema de transporte urbano. Resta decir que la red de subtes es muy completa, diversificada, combinada, los vagones limpios, luminosos y con aire acondicionado, que en la periferia de la ciudad la red se enlaza con líneas interurbanas, que hay escaleras mecánicas y ascensores en muchos puntos estratégicos, que la frecuencia es de 3 minutos como máximo, que todo el transporte nacional e internacional está al alcance del sistema integrado y muchos detalles más, que -vistos desde nuestra perspectiva- parecen lujos.

En este escenario es muy común que el habitante de los sectores medios de la sociedad no se preocupe tanto por el auto como eje del desplazamiento de la familia, sino que lo piense más como un medio para vacacionar o pasear. Ir a trabajar, a la escuela o a la universidad en transporte público es lo habitual; los taxis son para uso excepcional (así y todo son excepcionalmente nuevos, amplios, limpios, climatizados y subsisten económicamente).

El sistema de transporte urbano se completa con las bicicletas públicas, un recurso muy interesante y simple que consiste en una red de estaciones de bicicletas ubicadas en puntos estratégicos de la ciudad para que el pasajero acceda pagando un abono anual de costo accesible. Las bicicletas pueden utilizarse en forma ilimitada, siempre que cada viaje no supere los treinta minutos; se retiran rápidamente de una estación pasando la tarjeta del abono y se depositan en cualquier otra estación.

Aquí vale otra aclaración, porque al describir este sistema enseguida surge la cantinela “...acá se robarían las bicis... mejor no lo hagamos...”. Este razonamiento retrógrado desconoce el valor de la educación; el barcelonés aprendió a cuidar las bicis, como aprendió a no tirar papeles y envases en la calle, a seleccionar la basura en cuatro recipientes distintos dentro de su casa y depositarla en contenedores distintos en la calle, caminando para encontrarlos cuando no están en la puerta; todo con educación; porque detrás de cada uno de esos comportamientos está el proyecto urbano colectivo, que si no le entra con la educación, le entra con el control y las multas .

Es precisamente el proyecto urbano colectivo, ese gran motivador que cambia culturas, lo que nos está fallando en este momento a los rosarinos. El proyecto que, aún sin estar explícitamente planteado por el estado cuando fue lo del Congreso de la Lengua, captaron los sectores medios urbanos inmediatamente y se embalaron en un cambio de mentalidad que nos sacó el estigma de comegatos en menos de un año, para proyectarnos al mundo como una ciudad moderna, progresista y culta. Tan embalados estábamos, que nos pareció injusto cuando no nos designaron Capital Mundial de la Cultura.


A Rosario le falta planificación

Nuestro sistema de transporte urbano hoy languidece, no solo por sus problemas crónicos y coyunturales, sino porque ni siquiera tenemos la esperanza de que va a cambiar. Esperar desde 40 a 60 minutos un ómnibus sucio y atiborrado en pleno día sería menos indigno para un ser humano si tuviera la esperanza de que va a cambiar alguna vez; si se sintiera parte de un proyecto colectivo de ciudad que sabe hacia dónde va con su infraestructura de transporte, que sabe que en 10 años tendrá subte o no, que habrá trenes o no, que habrá líneas troncales y secundarias de ómnibus o no.

¿Tendremos tranvías, funiculares, trenes subterráneos, calles elevadas, transporte fluvial? No importa tanto hoy cuándo comienzan las obras y cuándo se inauguran. Lo indispensable es que tengamos un proyecto y eso no lo va a hacer la población espontáneamente; un asunto de este tipo lo tiene que concebir y proyectar el estado municipal. El poder ejecutivo -el Intendente y sus funcionarios- tiene un rol claro e indelegable en este tema y el poder legislativo -el Consejo Deliberante- no puede dejar pasar mucho tiempo para convertir una propuesta en un proyecto colectivo a través de la política bien entendida.


Acá cabe la última aclaración. Surgirá otra cantinela “los políticos son todos iguales... mejor no lo intentemos...” Otro pensamiento retrógrado y descomprometido, que nos ha traído bastantes problemas en los últimos tiempos. Nada más fácil que tener un blanco fácil -el político de turno- a quién echarle la culpa de lo que no somos capaces de hacer. Lo peor es que cuando el habitante de la ciudad encuentra a quien echarle la culpa se despreocupa, como se despreocupa cuando deja el chico en la escuela y le pasa al estado o a la escuela-empresa la responsabilidad de educarlo.

La responsabilidad del desarrollo de un proyecto de ciudad es un asunto político, pero no es sólo del estado; no le cabe solo a los políticos, sino a toda la población, que se expresa a través de sus representantes, o sea los políticos que ha elegido para que transmitan sus necesidades. El asunto político de fondo es que hay que tomar decisiones estratégicas que nos llevarán a un lugar o a otro, según sea la decisión acertada o no; después de tomar las decisiones hay que hacer los trámites necesarios, votar los presupuestos necesarios, conseguir la plata, pagar los impuestos que haya que pagar, en definitiva apoyar con gestos políticos coherentes.

Gestos políticos coherentes son los que hay que tener para apoyar las obras o proyectos que nos convienen como ciudad. No importa qué político los propuso o qué partido lo sostiene o qué gobierno lo inaugura. Eso es política en serio. Eso es hacer política para transformar una realidad que nos disgusta. ¿Vendrá otra cantinela como las de siempre a decirnos que el puerto de la Música es muy caro y que se necesitan hospitales y escuelas antes que obras faraónicas, entonces mejor no hacemos nada? ¿Nos dejaremos dominar por intereses económicos mezquinos y grupos mafiosos que quieren que nada cambie para mantenernos sometidos y chuparnos la sangre para siempre? ¿Seguiremos viajando como ciudadanos de segunda o tendremos la valentía de soñar y hacer realidad un proyecto de transporte en una ciudad para todos?