La nueva ley de SCA y nuestros intereses

Acaba de realizarse en Rosario uno de los foros de debate sobre el proyecto de Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que impulsa el gobierno nacional. Estos foros, que se están realizando en todo el país tomando como base las universidades nacionales, reflejan opiniones diversas y es conveniente estar atentos a lo que en ellos sucede, porque son una fenomenal fuente de consenso, que es, ni más ni menos, lo que hay que lograr para que un proyecto de este tipo se encamine o fracase. 
Como reflejo de ese primer foro en el ámbito local, las facultades de Ciencias de la Comunicación y Abogacía de la UAI- Rosario realizaron otro foro especialmente dedicado a estudiantes de Periodismo, Derecho, Realización Audiovisual, Publicidad y carreras afines a la Comunicación.
De ahora en más, y si el proyecto avanza, la pelea será muy cruda; veremos aparecer en forma contundente, a través de los medios monopólicos, los más poderosos, campañas multimediales orquestadas por los únicos sectores que no participan en los foros, porque no hay cómo defender seriamente el estado actual de las cosas; no hay motivos sensatos para demorar este debate. 
Entonces, cabe una actitud responsable para todos los comunicadores, quienes, como tales que son o pretenden ser, habrán de tomarse un tiempo para ver este tema, anoticiarse sobre el estado de las cosas, saber quiénes son los interesados, qué se pretende cambiar y cuáles serían las consecuencias de estos cambios. Es decir: ver el proyecto nuevo y opinar por uno mismo. 
Desde la perspectiva política e ideológica, considero a ésta una oportunidad histórica para terminar con una de las últimas “leyes” indignas que persisten desde hace más de 25 años, cuando gobernaba el país el grupo militar que tomó el poder en forma ilegítima ente 1976 y 1983.
El decreto ley 22.285 -así se llamaban las normas que emitía la junta militar, pues al impedir que funcionara el Congreso de la Nación no podía haber leyes- está viciado de nulidad en el marco de la Constitución Nacional, y de los acuerdos internacionales que la Argentina suscribió. También está obsoleto con respecto a las nuevas tecnologías, que abrieron impensadas formas comunicacionales, y con respecto a las actuales normas en los países líderes que se resguardan del desarrollo de monopolios de medios de comunicación.
El nuevo proyecto también tiene algunos defectos; especialmente en dos aspectos: el federalismo y las nuevas tecnologías. Ambos asuntos están presentes en el proyecto, pero apenas esbozados, siendo razonable, a esta altura de las circunstancias darle más preponderancia. Pero estas debilidades no alcanzan a opacar las virtudes del proyecto, en cuanto a su oportunidad, pertinencia y corrección.
Desde la perspectiva sectorial en la que estamos inmersos, la de la producción audiovisual regional, el proyecto de ley de Servicios significaría un impacto importantísimo en la demanda de producción de contenidos. Se habla de más emisores, de más medios estatales y de más medios de ONG’s.
Estos cambios generarán más trabajo genuino para productores, realizadores, actores y técnicos, en la medida en que los medios son compradores naturales de contenidos audiovisuales. La cuota de pantalla también se incrementaría, dando lugar a más espacio para el cine nacional. 
En nuestro medio, tal vez sea ésta la oportunidad que necesitamos para pasar de la etapa preindustrial a la etapa industrial en nuestros modos de producción audiovisual regional. Pero la ley no soluciona los problemas, solamente crea un campo propicio para que nosotros transformemos la oportunidad en una nueva realidad. Es el momento de los emprendedores.
Paradójicamente, nuestros principales problemas no son de producción. Tenemos suficiente capacidad de producción, recursos humanos, calidad técnica y estética y recursos tecnológicos. Nuestros principales problemas están en el campo de la comercialización y la dependencia cultural.
No podemos entrar en la etapa industrial sin adecuar nuestros modelos productivos unitaristas a la escala regional y sin consolidar un andamiaje cultural que soporte a nuestra identidad. En la consolidación de la diversidad está nuestra mayor fortaleza; solo desde allí podremos pasar a la etapa global.
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1 comentario:

mauro dijo...

Muy buen post, Raul!! Me quedo con los dos últimos párrafos. Lo de "consolidar un andamiaje cultural que soporte nuestra identidad" es muy sugestivo: ¿que tipo de acciones concretas imaginás? ¿como se podría implementar esa idea? Saludos!