Aprendiendo con los alumnos. La tercera es la vencida.

Este grupo de más de 30 alumnos cursa el seminario Gestión de los Medios Audiovisuales, perteneciente al Postítulo en Comunicación Audiovisual en la Universidad Nacional de Rosario.
Uno de los temas que estamos desarrollando (me toca la responsabilidad de dictar ese seminario) es el análisis del sistema nacional de fomento a la producción de largometrajes.
El mismo tema, desde otros enfoques y niveles lo vemos con los alumnos de la EPCTV y también con los de la UAI.
El caso que me interesa compartir se resume en cómo, con la ayuda de los alumnos de estas tres carreras, logramos perfeccionar y actualizar una herramienta didáctica muy útil para comprender y resolver problemas sobre un fenómeno muy complejo y cotidiano para la especialidad.
Para ello preparé una presentación que concluye con la resolución de unos problemas. Para el primero de ellos se requiere una fórmula para calcular el punto de equilibrio en la producción de una película industrial de largometraje en la Argentina, comprendido en los regímenes de fomento vigentes.
La primera versión de la fórmula vio la luz en 2008 cuando entre dos alumnos de la UAI (con más habilidades aritméticas que yo) me ayudaron a plantearla en una forma sencilla. Este paso nos ayudó a resolver problemas más rápidamente que con el método anterior.
Luego, ante la inquietud por incorporar a la fórmula la incidencia de los gastos de comercialización en ese punto de equilibrio, nos encontramos con un nuevo problema derivado de la circunstancia de que estos gastos no están abarcados por los subsidios mencionados y no pueden sumarse directamente.
La segunda versión apareció entonces la semana pasada, pero duró muy poco, al ser observada por una alumna, que descubrió un error: al sumar los gastos de producción con los de comercialización se produce una distorsión en el resultado, que, lejos de ser despreciable, como supuse intuitivamente, es importante. No obstante hicimos el práctico con la salvedad del error y con la promesa de revisar la fórmula.
Mientras estaba preparando la tercera versión, ayudado por otra alumna, versada en operaciones matemáticas, me sugirió que modificara las denominaciones de los términos para simplificar más aún la comprensión y el uso de la fórmula, de manera de identificar cada término con una sola letra. Es así que, finalmente, tenemos la versión definitiva. ¿La tercera es la vencida?

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