Cine Rosarino al palo.
2007. El año en que vivimos una ilusión.

Por Raúl Bertone


2007 ha sido un año especial para la producción de cine de Rosario. Si tenemos en cuenta que entre 1991 y 2006 se estrenaron comercialmente cinco largometrajes locales y en 2007 otros seis, el año que pasó difícilmente pueda igualarse en número de estrenos locales por muchos años, porque estas últimas seis películas, producidas en años anteriores, pero estrenadas por motivos diversos en 2007, representan más del 50% de la producción histórica de del cine rosarino contemporáneo.

Para refrescar la memoria recordemos que la saga comienza en 1991 con el estreno comercial de De regreso, la película de Gustavo Postiglione, quien en 1997 continua su serie con Camino a Santa Fe, que no fue estrenada comercialmente, por lo cual no integra la lista, para presentar luego, en el año 2000 El Asadito, la película que lo sacara definitivamente del anonimato a Postiglione y también al cine rosarino.

En 2001, Rodrigo Grande, estrena Rosarigasinos y al año siguiente reaparece Postiglione con El Cumple. En 2003 Héctor Molina estrena su ópera prima Ilusión de Movimiento, con lo cual se cierra la primera etapa de este período de 17 años (1991-2007) al que podemos llamar el cine rosarino contemporáneo. Nuestro cine ya estaba entrando en la madurez.

A esta primera etapa (1991-2003) la llamaremos preindustrial porque sus objetivos no estuvieron puestos en un principio en el esquema de negocio de la producción y su comercialización, sino que se dedicó un gran esfuerzo a logar terminar las películas, que ya es mucho; contar una historia expresando algunas ideas y sentimientos, y por supuesto conocer desde adentro el sistema de producción industrial, consolidado durante cien años para producir desde Buenos Aires, con poco espacio para los productores y realizadores de una región del interior, como la nuestra, con gran tradición cultural, que no tardó mucho en forjarse un sitio propio en el espacio audiovisual nacional.

El surgimiento de la industria audiovisual rosarina y de la región fue posible por una gran capacidad emprendedora de los directores-productores, por las facilidades que otorga el INCAA para producir películas y por el lento pero sostenido crecimiento de la formación de técnicos y artistas en diversos centros de enseñanza. Este último aspecto permitió contar con una masa crítica de gente del oficio, que a su vez se perfeccionó con la participación en producciones profesionales. Téngase en cuenta que, con excepción del prolífico Postiglione, todos los directores son primerizos.

La segunda etapa se cierra en 2007 con el estreno de seis películas producidas en los años anteriores, a saber y por estricto orden de preferencia de público: ¿De quién es el portaligas?, de Fito Páez; La Peli, de Gustavo Postiglione; La Soledad, de Maximiliano González; A cada lado, de Hugo Grosso; Cine Negro, de Mariana Wenger y A dos tintas, de Walter Becker y Lucas Di Santo. Estas dos últimas estrenadas comercialmente en DVD.

Esta segunda etapa tiene, decididamente, un perfil más cercano a la producción industrial. Los aspectos distribución y aceptación del público ya figuran en la agenda desde el primer día; en la mayoría de los casos se incorporan productores asociados locales; se generan acuerdos con los gremios de técnicos y actores; se dispone de equipamiento adecuado en el mercado local; se cuenta con un importante plantel de técnicos especializados con experiencia en largometrajes; se establecen relaciones laborales más sustentables. Todo parece orientarse a una producción de carácter industrial a mediano plazo. Está por verificarse la sustentabilidad de esta nueva industria local.

En este artículo no se consideran cuestiones cualitativas sobre las películas mencionadas. Porque no es el tema central del escrito y porque en definitiva se trata, en todos los casos, de obras dignas, cuyo análisis estético y de contenidos puede dar espacio a otro tipo de comunicación. Tampoco consideramos los largometrajes que no fueron estrenados comercialmente, ni las múltiples proyecciones, formales o informales que una película tiene a lo largo de su existencia -lo cual sumaría miles de otros espectadores- ni los espectadores que las ven en video o DVD. Cuando hablamos de cantidad de espectadores nos referimos a los que compraron su entrada en las boleterías de los cines, con boletos legales, y son registrados por la oficina de fiscalización del INCAA. Son los que aportan al Fondo de Fomento Cinematográfico y son los que cuentan a la hora de asignar los correspondientes subsidios de fomento a la producción.

Lo que es cierto es que la sustentabilidad de la industria cinematográfica argentina, y por consiguiente la local, está asentada en un generoso sistema de créditos de fomento y subsidios, que administra el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales; sistema que no vamos a analizar en este artículo, pero que le garantiza al productor la recuperación de la inversión realizada y la devolución de los créditos obtenidos, siempre y cuando la película se termine, se estrene y venda una determinada cantidad de entradas en boletería.

Si analizamos los números 2007 (Ver la tabla) del cine rosarino, veremos que las cosas anduvieron asombrosamente bien en un aspecto: seis películas locales estrenadas comercialmente son todo un récord que es digno de saludar y festejar. El récord es histórico por donde se lo mire y no va a pasar inadvertido para nadie en el mundillo cinematográfico nacional. El aspecto que no cierra todavía es el del público y la venta de entradas. A excepción de la segunda película de Fito Páez ¿De quién es el portaligas?, ninguna de las otras cinco pudo superar los números de El Asadito, que siete años antes se acercó a las 20.000 entradas vendidas.

Evidentemente la convocatoria falló y abundan las explicaciones, pero hay que ir de frente a ese problema y tratar de superarlo. Ya no tenemos obstáculos técnicos ni económicos que nos impidan terminar las películas, como en otros tiempos. Los problemas de hoy son de comercialización y allí hay que poner el acento en el futuro. El público que va a las salas de cine consume el cine que satisface alguna de sus inquietudes, dentro del menú que le ofrecen y de acuerdo a las expectativas que cada oferta le genera. Esas expectativas se han construido con comunicación; entonces habrá que prestar más atención a este tema. En última instancia, no olvidemos que además de considerar las encuestas sobre las preferencias del público, también podemos modificar la realidad a partir de la comunicación bien entendida. Para algo somos comunicadores.

La vida útil de este tipo de largometraje de cine es de una semana y con suerte dos o tres; entonces enfrentarse a la posibilidad de quemar en una semana un patrimonio que cuesta tanto esfuerzo producir es una situación terrible. En nuestras circunstancias la inversión en promoción, lanzamiento y publicidad tendría que casi igualar a la inversión en producción para poder instalar con éxito una película en el mercado nacional. Es cierto que el INCAA no reconoce como gastos de producción a la inversión en publicidad y lanzamiento, y apenas se cubre con un subsidio una parte del asunto. Entonces hay que incorporar este tema en el plan de negocios inicial y buscar en los productores asociados los recursos. Obviamente esto compromete las utilidades, pero ya se sabe el efecto positivo que tiene la publicidad en el consumo de espectáculos.

De otra manera, habrá que considerar modificar el sistema de lanzamiento, cubriendo primero el mercado local y luego los otros mercados, si se justifica el esfuerzo. Los medios de comunicación locales, especialmente los televisivos, tienen una fuerza específica en este aspecto y son los potenciales socios en esta movida, como lo son en Buenos Aires para con las productoras que asumen más riesgos y que cosechan más ganancias. Tal vez ya estemos maduros para eso... los cineastas; no se puede decir lo mismo de los inversores vernáculos, que todavía no se dieron cuenta cómo funciona este negocio; y si se dieron cuenta no están dispuestos todavía a jugar fichas grandes.

Tenemos que pasar de la etapa de ayudar al muchacho que hace películas de bajo costo a la etapa de hacer buenos negocios con buenas películas. Así funciona la industria del espectáculo; se necesitan buenas ideas, buenos guionistas, buenos actores, buenos técnicos, buenos productores, buenos comunicadores y publicistas. Tenemos todo eso. Ya hemos tenido suficientes muestras de que esto funciona en las industrias culturales y en otros rubros. La ciudad ha dado muestras suficientes de negocios que trascienden sus fronteras en rubros no convencionales. Necesitamos un éxito comercial. ¡Cómo lo necesitamos! Después de ese éxito los inversores se van a pelear por participar en la producción de películas.

Concluyendo, El cine rosarino ya tiene una marca y un espacio propio en el mercado de consumo de largometrajes en salas de cine. La Escuela de Cine y otros centros educativos tuvieron un rol importante en la base de sustentación de esta incipiente industria. Postiglione es el cineasta vernáculo más prolífico y punta de lanza en la cruzada de hacer conocer nuestro cine más allá de la Circunvalación. Fito nos dio una mano; su última película marcó un récord de recaudación, que si bien no es para hacer olas, se acerca a lo necesario para tener utilidades dignas si se controla el costo de producción con un modelo adecuado al mercado. La tercera etapa de la vida del cine rosarino contemporáneo es la que comienza ahora y probablemente esté signada por emprendimientos industriales cada vez más ambiciosos, en los cuales los productores serán una pieza clave y tendrán que desplegar toda su habilidad para seducir al público.



Los números 2007*

Título - Autor - Espectadores

¿De quién es el portaligas? - Fito Páez - 34.782

La Peli - Gustavo Postiglione - 8.164

La Soledad - Maximiliano González - 4.352

A Cada Lado - Hugo Grosso - 3.992

Cine Negro - Mariana Wenger - 468

A dos tintas - Walter Becker y Lucas Di Santo - 304

* Fuente: Instituto Nacional de Cine y Artes audiovisuales


Otras cinco en la Provincia

La Ciudad de Rosario es, indudablemente el motor principal de la producción cinematográfica regional, y también es la ciudad más productora del país después de Buenos Aires, pero para completar el panorama regional debemos citar que, en el período que describimos se realizaron en la provincia de Santa Fe otros cinco largometrajes, cuatro de los cuales fueron estrenados comercialmente.

Nadie nada nunca, de Raúl Beceyro (Santa Fe), 1988. No estrenada comercialmente. Cicatrices (1999), de Patricio Coll (Santa Fe), estrenada en 2001. Ciudad sin luz, (1999) de Juan Carlos Arch (Santa Fe), estrenada en 2001. Gerente en dos ciudades (2001), de Diego Sofficci (Santa Fe), estrenada en 2003. Dar de nuevo, de Atilio Perín (Venado Tuerto), estrenada en 2005.

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